Cine corporativo o dicho de otra manera, publicidad con arte

Cine corporativo o dicho de otra manera, publicidad con arte

Hola a [email protected], soy Gabriela, y os voy a hablar de cine corporativo. Un nuevo concepto que se va expandiendo y arraigando por momentos en nuestra economía actual.

No cabe duda de que la forma de comunicarse ha variado considerablemente en los últimos años y con ella también se ha modificado la perspectiva empresarial y comercial a la hora de interactuar, tanto con los clientes, como con las marcas. E interactuar en este sentido se traduce en proponer, en ofrecer, en… y ahora voy a utilizar esta palabra que tan poco nos suele gustar: en vender.

Quizá sea hora de exorcizar esta palabra, teniendo en cuenta que “vender” engloba todo y ese ‘todo’, es el marketing en particular y el mundo en general.

¿Qué significa esta afirmación? Simplemente que en el mundo en el que vivimos, al fin y al cabo, todo es venta, un gesto, una mirada, hasta un silencio se puede convertir en esto: en venta.

En venta de un producto, de un servicio, de una idea.

Vender no es ni más ni menos que el esqueleto más básico de la capacidad de convicción, la prueba del fuego definitiva de la habilidad de la palabra y, sobre todo, de la escucha.

Entonces si cogemos la palabra, la escucha, los gestos, las miradas, lo juntamos y después a todo esto le añadimos la imagen, ¿qué creamos?  Cine.

Y de esto estamos hablando en verdad: del séptimo arte convertido en vehículo de marketing o, mejor dicho, del marketing prestigiado y embellecido a través del séptimo arte.

El cine corporativo te cuenta una historia, la explica, la muestra, te atrapa y te involucra en ella y de paso, aparentemente “de paso” (lo cierto es que es el foco central, pero el truco reside justamente en que parezca aparente, no descarado sino disimulado, elegantemente disimulado) te promociona el objeto en cuestión, te lo insinúa y, por tanto, en última instancia te lo –insisto- vende.

Los anuncios comunes se han convertido en antiguos, obsoletos, porque a menudo resultan estériles emocionalmente, no transmiten, incluso te aburren. Y si aburren, no seducen, no cautivan, no apasionan.

El cliente de hoy en día necesita sentir empatía, dada y recibida, necesita percibirse a sí mismo como parte de algo, como elemento de un contexto, incluso como protagonista o como alguien que se identifique con el protagonista.

En resumen, el cine corporativo rompe esquemas superados, como la distancia entre producto y cliente, entre anuncio y espectador, rompe lo que en teatro se suele llamar la “cuarta pared”, creando un vínculo artístico con la clientela potencial, transformándola a su medida y, por consiguiente, permitiendo que pase de ser simple clientela a ser nada más y nada menos que público.

Porque el cine, aunque esté vinculado a una marca, no deja de ser cine y como tal, arte. Y el arte todo lo puede.

 

 


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Directora de cine/teatro y guionista! Presidenta de la Asoc. de cineastas Simbiosis. Además me dedico a la política..

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